Carta abierta

No me voy a andar con muchos rollos. Tú eres el profesor de lengua, el que dice que intenta enseñarnos a escribir. Pero nunca te vemos escribir a ti. No me refiero a simulacros de textos, me refiero a escribir de verdad, -como tú dices- a palabras que tú sientas y creas. Y eso no lo haces nunca.

Eso que nos enseñas, eso tan importante -el pensamiento en palabras, el corazón en palabras- ¿cuándo lo haces tú? ¿y por qué, y qué y a quién escribes? No lo sabemos y yo quiero saberlo. Lo necesito para saber cómo hacerlo yo.

Porque ¿de veras escribes? ¿de verdad pretendes que nos creamos que hay quien emplea su tiempo en poner palabras a lo que piensa o siente? Nunca te hemos visto. Nos pides que lo hagamos nosotros pero tú nunca lo haces.

Nunca escribe aquel que tiene que enseñarnos la utilidad y la belleza de la palabra ¿y así cómo quiere que le creamos?

Yo quiero saber dónde escribes tú, cómo rastreas una palabra, si tienes realmente alguna idea.

Quiero saber si sientes o piensas algo que merezca el esfuerzo de coger el cerebro y ponerlo a temblar, de coger el corazón y ponerlo a escurrir, a ver si grita o canta. Eso quiero saber.

Quiero que escribas de verdad –si es que de verdad crees que hay algo trascendente en la escritura- y poder leer al tipo que dice que escribir es importante.

Pues si es tan importante, joder escribe tú primero.

Por si no me recuerdas, esta es una carta abierta del alumno que fuiste al profesor que eres. A ver si te enteras,  tronco.

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6 thoughts on “Carta abierta

  1. Raquel Pelayo dice:

    Totalmente cierto, Pablo. Cada vez que les leo a los chavales algo escrito por mí (cualquier cosa, tampoco necesariamente muy personal) siento que les interesa de una manera especial. Se hace silencio en la clase y se produce un cambio de papeles: ahora somos nosotros quienes vamos a valorar lo que has escrito tú. He de decir que no son muy críticos, ni muy exigentes, pero les gusta que lo haga. Supongo que al igual que les gusta que el profe de EF sude la camiseta o que la de música les dé un concierto de vez en cuando. Como suele decirse, la lección más valiosa es el ejemplo, ¿no? Cuando se es profe, y también cuando se es padre (por cierto, ¡qué difícil!).

  2. Yo no sé qué me hubiera escrito la alumna que fui porque realmente no me interesaba nada la literatura que me enseñaban, probablemente le hubiese dado al icono del “Me gusta” ese, tan impersonal, para no mojarme demasiado (la indiferencia es así de vaga).
    Sin embargo, seguramente me hubiera gustado toparme con un profesor al que le importara que yo aprendiese algo de lo que a él le entusiasmaba. Y creo firmemente que el entusiasmo es el motor de tu trabajo, nuberoja9.
    A mí por lo menos me contagia.

    Será un placer leerte en libridus.

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