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“Sus brazos era un muestrario de animales salvajes, tatuajes borrosos de arañas, lobos enseñando los dientes, escorpiones, serpientes de cascabel. Me daba la impresión de que estaba de vuelta de todo tipo de guarrerías. Josanna se volvió loca por él la primera vez que estuvieron juntos, y también terriblemente celosa. Y cómo disfrutaba Elk viéndola así. Por lo visto era su manera de medir sus sentimientos y ponerlos a prueba. Cuando estás más que harta de la soledad, cuando solo quieres que alguien te abrace con fuerza y te diga que todo va bien, que ahora todo va bien, y te cae en suerte un tipo como Elk Nelson, deberías darte cuenta de que estás rebañando los últimos restos pegados al plato.”

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Annie Proulx. Fragmento del relato Costa solitaria, en Bokeback mountain / En terreno vedado.

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“La casa remolque que había alquilado era vieja. Más bien era una caravana para enganchar a un coche, tan pequeña que no había sitio para maldecir al gato sin que se te llenara la boca de pelos. Cuando soplaba el viento oía chocar estrepitosamente contra el suelo las piezas que se le iban cayendo. Se la había alquilado a Oakal Roy. Él hablaba de sus tiempos de esplendor, allá por los años cincuenta, cuando trabajaba de especialista en Hollywood. Estaba matándose a fuerza de beber. Un perro con las costillas al aire merodeaba por allí, supongo que sería suyo, y cierta vez que regresé a altas horas de la noche lo oí agazapado royendo un hueso de vaca largo y sanguinolento. Oakal Roy tendría que haberle pegado un tiro a aquel perro.”

Annie Proulx. Fragmento del relato Costa solitaria, en Bokeback mountain / En terreno vedado.

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“La topografía del propio Scrope  consistía en una cabeza grande de cabello rapado, un bigote rubio platino, una espalda destrozada por una galopada tipo taladro neumático a lomos de un pinto de orejas pingajosas, corcoveante y dado a pegarse a los cercados, sobre el que John Wrench había apostado correctamente, dos décadas atrás, que Scrope no conseguiría mantenerse, unos pies destrozados por toda una vida de calzar apretadas botas de vaquero, y unos brazos simiescos cuyas muñecas ningún puño de camisa llegaría a acariciar. Sus facciones, la boca pequeña y bien cincelada y los ojos de color agua, tenían un aspecto comprimido, pero los musculosos hombros y el pecho torneado proclamaban una fortaleza masculina que había atraído a no pocas mujeres en el transcurso de los años. Su matrimonio, breve y sin descendencia, se vino abajo en una hora. A partir de entonces Car se dedicó a mirar la luna a través de una botella noche tras noche, a ver vídeos porno y a comer, además de grandes cantidades de carne de vaca y de cerdo, comida basura en envases de plástico que le provocaba picantes sarpullidos y retortijones intestinales cargados de hebras anaranjadas, como si hubiera comido y digerido un zorro.”

Annie Proulx. Fragmento del relato Un par de espuelas, en Bokeback mountain / En terreno vedado.

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