Escorpión de Drive
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DRIVE, de Nicolas Winding Refn

-O cómo conseguir que hasta el menos hortera de los públicos desee bordarse un escorpión amarillo en la espalda-

A raíz de la crítica de Blue Valentine –leer aquí-, mi amigo Fernando Calvo, que también está explotando el filón cinematográfico de Ryan Gosling, me recomienda Drive, y se produce esa maravillosa experiencia que de vez en cuando depara el cine y que consiste, antes de nada, en colocarte sumisamente en posición de ir a presenciar algo anodino, discretamente llamar tu atención después, abrirte los ojos sin que te des cuenta y en un momento dado sorprenderte, seducirte y dejarte al final, que ha llegado tan pronto, la sensación de agradecimiento que le queda a uno cuando la vida le entrega cosas hermosas de forma inesperada.  La clave es la película, claro, pero en mi caso la magia del momento la pone la sorpresa. El milagro de lo inesperado, lo imprevisto, el descubrimiento, el regalo.

Y las sorpresas empiezan desde los títulos de crédito que, según me señala la experta en musicales de los ochenta que tengo en casa, son como los de Dirty Dancing, y con la banda sonora, a cargo principalmente de Cliff Martínez –baterista de Red Hot Chilly Peppers en sus dos primeros discos- pero con temas principales muy interesantes y que se conjugan a la perfección con la estética y la épica contenida de la película.  El tema que abre el filme es Nightcall, de Kavisnky &Lovefoxxx, y te toca suavemente desde los créditos iniciales. Under Your Spell, de Desire, te seduce después, cuando ya sospechas que esta peli está muy pero que muy bien hecha.  El sonido ochentero tiene el efecto de trasladar el argumento a otra época, de descontextualizarla y hacerla inquietante de alguna manera.

Otro elemento a destacar es que aparentemente es una película de coches, con el coñazo monumental en que suelen incurrir estos filmes echando carreras o persiguiéndose –hasta Jason Bourne aburre conduciendo, yo soy más de caballos- y en Drive se nos presenta la mejor y más emocionante persecución a motor que recuerdo. Porque Drive es una película de acción que no lo aparenta, que se revela bien avanzada la trama, con los personajes bien trabajados. Es, en ese sentido, una peli que me recuerda a Una historia de violencia, de David Cronenberg. Y es que me encantan los héroes que solo acceden a serlo tras ser realmente empujados a ello.

Llama la atención también el vestuario y –me señala mi amigo Orlando Gutiérrez, fotógrafo- la iluminación de las escenas. ¿El resultado? Unas atmósferas –casi todas interiores: pasillos, descansillos, ascensores- que para el espectador corriente –como el que escribe- tienen algo especial a lo que no sabemos poner nombre pero que casi seguro tiene que ver con colores, luces y sombras tratados con un innegable sentido estético.

En cuanto al reparto –Ryan Gosling y Carey Mulligan en la pareja protagonista- y varios secundarios muy acertados –Ron Pearlman, Bryan Cranston, protagonista de Breaking bad, Albert Brooks, Christina Hendriks, que encarna a Joan Harris en Mad Men.

Así que estamos ante un peliculón. No se puede dejar de decir que nuestro amigo Ryan tiene muy buen ojo para elegir proyectos y yo he de confesar que daría mi pata de palo por llevar una chupa con un escorpión amarillo bordado en la espalda.

Sin parecer un capullo, claro. Cosas del cine.

Recomendado:

Excelente artículo sobre la banda sonora de la película, del que tomo prestada información y enlaces, en JNSP.

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Michelle Williams sobre fondo de google
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BLUE VALENTINE, de Derek Cianfrance

-O cómo a mis amigos les fue todo mal-

La verdad es que nunca me apetece ver una película como Blue Valentine hasta que la veo. Entonces me arrepiento de no ser más riguroso con mis deseos, más exigente en cuanto a la calidad, a la veracidad del cine que deseo ver. Y es que muchas veces quiero pasto. No quiero arte, no quiero vida, quiero pasto. Por supuesto que prefiero el pasto bueno y que me aburre el malo, pero incluso en el aburrido encuentra consuelo mi momento de abulia.

Soy un cinéfilo de videoclub desde que las obligaciones familiares –los hijos pequeños- han  convertido la escapada al cine en algo muy poco habitual, y a la hora de elegir una peli siempre acabo cayendo en la sección de acción o suspense, a la espera de una hora y media –o más, cómo me gustan las pelis eternas- de cerebro absorbido por una trama rápida, excitante y a ser posible con una buena dosis de heroísmo lo menos manido posible. Ese es mi pasto favorito.

Pero a veces no soy yo quien elige la película y atravieso rachas de buen cine involuntario, del que suelo quejarme en la intimidad pero que en realidad me alimenta el espíritu, aunque después me cueste conciliar el sueño porque me deja el cerebro encendido durante un rato. Y en una de esas me he encontrado con Blue Valentine.

Pareja joven y excéntrica con una hija encantadora, aparentemente felices, dotado él de una simpatía especial, travieso, infantil, adorablemente inmaduro,  ella atractiva, cariñosa, capaz, un poco misteriosa, la cría alegre y energética. Todos ellos personajes con los que rápidamente conectas, con los que empatizas, a los que deseas un buen argumento –bueno en sentido moral, no cualitativo- un argumento que les haga sufrir pero que les recompense tras todas las desgracias.

Los actores son Ryan Gosling y Michelle Williams. A él le conozco de Los idus de marzo, junto a George Clooney, a ella no la conocía –parece ser que ha hecho  dignamente de Marilyn- pero ambas interpretaciones sostienen la película. Para los amantes de The Wire, tenemos a John Doman –el comisario Rawls- en un papel secundario.

Y el asunto es una relación de pareja. Hay momentos muy descarnados y algunos muy divertidos vistos a través de un cristal de humor muy negro. Hay diálogos muy logrados y el guión es solvente. Me parece una buena película. Relaciones de pareja tan de verdad que duelen. Decididamente no se trata de pasto. Pero es dura. Bien dura. Como es a veces la vida. Y pese a ello -o precisamente por ello- merece la pena verla.

Trailer:

Banda sonora a cargo de Grizzly Bear:

“Shift”

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